Los grandes mercados emergentes se hacen un hueco en la aristocracia mundial

Mind the gap. El célebre mensaje que se escucha en el tube londinense y que alerta del escalón que separan los vagones del andén del metropolitano de la capital británica ilustra a la perfección la brecha, cada vez más suturada, que existe entre las potencias industrializadas y los más poderosos mercados emergentes del planeta. Cuidado con la distancia. Porque el decoupling o desprendimiento en los ritmos de crecimiento entre ambos mundos económicos no sólo ha sido uno de los grandes fenómenos del inicio de la crisis financiera global, sino que se ha acentuado en 2010, y amenaza con perpetuarse en el futuro irremediablemente. Tanto en la esfera económica, como financiera y, por ende, en el tablero geoestratégico mundial.

El análisis del decoupling -nunca visto en la historia económica reciente, cuyos ciclos de negocios oscilaban al son de Estados Unidos, esencialmente, y de Europa o Japón, en menor medida- sigue en las mesas de debate de las altas finanzas internacionales. Aunque, quizás, la conclusión más aceptada sea la que ha sintetizado un Premio Nóbel como Joseph Stiglitz, para quien “el mundo ya se ha desacoplado, en parte, de forma definitiva” por los tres años de “bajo nivel de crecimiento” de los países avanzados -en los que Estados Unidos se ha enfrentado a su mayor recesión en siete décadas-, frente a las “altas tasas” de dinamismo de las economías en desarrollo, especialmente, los conocidos como BRIC (Brasil, Rusia, India y China), término acuñado por Jim O’Neill, economista jefe de Goldman Sachs en 2001. Los botones de muestra son elocuentes.

A toda máquina

Los mercados emergentes ya totalizan el 40% del PIB global y aportarán más del 50% del dinamismo en los próximos años, cuando al comienzo de esta década apenas contribuían con el 25%. Además, los BRIC -que se instalarán entre 2011 y 2012 entre las ocho mayores potencias del planeta, estatus que ya ostentan China y Brasil-, han alcanzado la categoría de potencias comerciales -sus ventas al exterior representan el 20% de su PIB total-, con una baja dependencia del mercado estadounidense, al que sólo envían el 5% de sus exportaciones. Mientras, las áreas emergentes han sido capaces de captar el 37% de los flujos de inversión mundiales en 2009 -algo más de 354.000 millones de dólares-, frente al 22% de 2002, según datos de la agencia de inversiones multilaterales MIGA, dependiente del Banco Mundial, cuyos expertos auguran a los países en desarrollo un incremento del 17% para el conjunto de este ejercicio. Año en el que, para más inri, la Inversión Extranjera Directa (IED) global seguirá un 51% por debajo de los niveles máximos de 2007 por la debilidad de las economías industrializadas.

Este cambio panorámico deja una serie de interrogantes abiertos. Entre otros, si los centros financieros actuales conseguirán mantener su estatus preferencial. O si, por ejemplo, el éxito reciente de las potencias emergentes será flor de una década o, en caso  contrario, lograrán encaramarse a la aristocracia económica mundial.

Rescate en el ‘tsunami’ financiero

Un reciente estudio del Banco Mundial, que sintetiza las deliberaciones de 40 economistas especializados en mercados en desarrollo bajo el elocuente título de El día después de mañana, asegura que estos países “no sólo se han desacoplado” de las naciones de altos niveles de renta, sino que “se han desconectado” de ellas para convertirse -al menos, los grandes mercados emergentes- en locomotoras de la economía mundial y en rescatadoras de las potencias industrializadas, en alusión a su condición de financieras de sus altos niveles de deuda. Otaviano Canuto, coordinador de este análisis, justifica este diagnóstico, entre otras razones, “por el creciente intercambio de comercio entre países en desarrollo, el súbito aumento de su clase media y el encarecimiento de las materias primas” que, en la mayoría de los casos, aunque con excepciones tan notables como China e India -importadores de energía y alimentos-, revierten en mayores ingresos a las arcas de estos Estados.

Es como si los emergentes tuvieran la pólvora relativamente seca para utilizarla aún de manera contra cíclica si así lo demanda la crisis actual. Así, la situación de la deuda pública de los BRIC es la más cómoda del panorama mundial, con el 40% de su PIB conjunto, frente a la cota del 62% a la que se ha catapultado la de los países industrializados y el 57% del resto de naciones en desarrollo, señala Dominic Wilson, economista de Goldman Sachs. Wilson resalta “las correcciones fastuosas” que han protagonizado en el último lustro tanto Rusia -que asumió la estratosférica deuda heredada de la Unión Soviética- como Brasil, surgida de la hiperinflación de comienzos de la década de los noventa. China y Rusia mantienen sus niveles por debajo del 20% del PIB y Brasil e India -la más endeudada-, en torno al 70%. Pero todos, los cuatro BRIC, han combinado ajustes fiscales con programas de estímulo para minimizar los efectos de la turbulencia actual.

Centros financieros

Las consecuencias de este nuevo cuadro de mando macroeconómico también se vislumbran en el orden financiero. Steffen Kern, del servicio de estudios de Deutsche Bank, anticipa que la etapa dorada de Nueva York, Londres, Hong Kong, Singapur, Tokio, Francfort o Zúrich, como indiscutibles centros financieros o, incluso, de Chicago como gran enclave del tráfico comercial, “variará en los próximos años”. En beneficio de plazas como Pekín, Sanghai, Shenzhen, Sao Paulo, Mumbai, Nueva Delhi, Seúl o Moscú.

Su diagnóstico parte de que, a lo largo de este año, la negociación asociada a los mercados de capitales históricos en el volumen bursátil mundial apenas supera el 50%, frente al 78% de 2001, al tiempo que el crecimiento de las bolsas de valores emergentes rebasa el 40%. “El impacto de la crisis mantiene un alto grado de incertidumbre” lo que, unido a la “regulación financiera internacional” acordada en el G-20, ha abierto el abanico de opciones a ciertos centros emergentes en su desafío de desplazar a “alguno de los top-ten” del momento. A su juicio, “las ambiciones globales” de cada uno de estos aspirantes, su capacidad para captar “ahorros regionales y domésticos”, los “niveles de competitividad” que puedan adquirir  o su facilidad para adaptarse a “cambios normativos” -entre los que cita el arbitraje internacional, las evasiones fiscales o actividades ilícitas como el blanqueo de capitales– serán factores determinantes para encumbrar a unos y enterrar a otros.

Salto económico y geoestratégico

Esta súbita irrupción de los mercados emergentes en la elite mundial ya se aprecia en el terreno económico y geoestratégico. En el primero, con su mayor peso adquirido en la nueva y reciente renovación de cuotas de organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) -institución que ha cambiado su esquema de aportaciones y, por ende, los poderes de voto de sus 185 socios dos veces en tres años, después de décadas enteras sin revisión- para acomodar a los nuevos ricos.

En este caso, se duplicaron las cuotas, hasta alcanzar los 755.700 millones de dólares para, en palabras del propio Dominique Strauss-Kahn, su director gerente, agrandar el músculo de los “dinámicos mercados emergentes”. De forma que los diez mayores contribuyentes -o, dicho de otra forma, los más poderosos dentro del Comité Ejecutivo- pasan a ser Estados Unidos, Japón, las cuatro mayores economías europeas (Alemania, Reino Unido, Francia e Italia) y los cuatro BRIC. Relegando de este selecto club a viejas glorias económicas como Holanda, Bélgica, Suecia o Suiza, herederas de la aristocracia nacida en Bretton Woods inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial.

El salto de calidad en la esfera económica, rubricada en la emblemática cita del G-20 en Seúl –capital de Corea del Sur, el otro gran mercado emergente- del pasado mes de noviembre, también tiene su traslación en el ámbito político. Los BRIC se reúnen de forma periódica para intercambiar posturas en su cometido común de acabar con el papel hegemónico de Estados Unidos como superpotencia global e instaurar un nuevo orden multilateral. En sus encuentros, ya institucionalizados y a los que tratan de incorporar próximamente a otros mercados emergentes como Sudáfrica -considerada la voz más autorizada de las economías en desarrollo- o Arabia Saudí -en su condición de primer productor de petróleo-, se hablan indistintamente de la política de controles del régimen de Pekín a su divisa, el rinminbi, como de las negociaciones de desarme entre Washington y Moscú, de las nuevas reservas de crudo de Brasil o de la renovada capacidad comercial e innovadora de Nueva Delhi.

Esta entente cordiale podría ejercer su influencia a la hora de impulsar la anquilosada reforma del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, sugiere Álvaro de Vasconcelos en un reciente estudio del Instituto Europeo de Estudios para la Seguridad. India parece ser el aspirante mejor posicionado para erigirse en nuevo miembro permanente, ya que Rusia y China ya son poseedores del derecho a veto. Paulo Wrobel, del mismo think tank pancomunitario con sede en París, precisa que “los líderes de los BRIC se toman muy en serio sus retos comunes”, en una fase que coincide con “la relativa pérdida de peso de Europa, Estados Unidos y Japón como naciones dominantes” en el escenario geoestratégico, lo que obligará a la tradicional Trilateral, a encontrar nuevos rumbos, además de en el orden político, en materia de seguridad, energía y comercio.

Ocaso de los dioses

La crisis financiera, además, amenaza con acentuar la debilidad económica de las potencias industrializadas. Ethan Harris, economista del Bank of America Merrill Lynch, no tiene reparos en afirmar, en las proyecciones del equipo de análisis global de esta firma para 2011, que este ejercicio será un nuevo duelo entre mercados avanzados y emergentes en el que germinarán nuevos desequilibrios o se ahondarán en algunos ya existentes. En su opinión, el dinamismo será una constante en la mayor parte de países en desarrollo, mientras las crisis bancaria e inmobiliaria seguirán pasado factura a los industrializados. Con ciertas variantes.

Una tasa de crecimiento global del 4,2%, siete décimas menor que en 2010, “por el riesgo de sobrecalentamiento de algunos emergentes”, y mayores diferenciales inflacionistas -con altas tensiones de precios en éstos frente al peligro de deflación en el G-3 (Estados Unidos, Europa y Japón)- de tipos de interés -políticas laxas en las economías de rentas altas que contrastarán con movimientos alcistas en los emergentes- e inversor, ya que los BRIC seguirán captando flujos de capital, incluso a expensas de que surjan burbujas bursátiles en sus centros financieros.

El equipo de Bank of America Merrill Lynch describe, además, de manera muy gráfica la coyuntura en el primer mundo económico. Con “tiempo tormentoso” en Estados Unidos que podría tornarse en huracanado “si no se retiran en el momento preciso los programas de estímulo fiscal y monetario”. Europa en “plena encrucijada” para definir sus estrategias económicas, monetarias e impositivas comunes en “plena escalada de preocupación por los socios periféricos”. Y Japón continuando con su juego de prueba y error en su sempiterna táctica de mantener una política monetaria y fiscal neutra que no acaba de espantar el fantasma de la deflación.

Fuente: Cotizalia.com

Los grandes mercados emergentes se hacen un hueco en la aristocracia mundial

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