PARA TENER EN CUENTA ANTES DE INVERTIR



Todo inversor se encuentra con un tema crucial: el montaje de su cartera. Una parte del portafolio se denomina táctica y pretende sacar provecho de movimientos a corto plazo con la flexibilidad que le pueda permitir la coyuntura. Sin embargo, para el largo plazo, lo más importante es estar posicionado estructuralmente conforme al perfil de riesgo/rendimiento.

La confección de la cartera se hace en base a las necesidades específicas de cada persona. Por ejemplo, si el objetivo es minimizar la carga fiscal, se deberá incluir bonos de un país que se encuentren desgravados de cualquier impuesto a la riqueza o a la renta personal por un acuerdo bilateral que así lo permita.

Pero antes, hay tres elementos claves que conviene definir.

1) PERFIL DE RIESGO

El primero es el grado de aversión al riesgo del inversor. Es importante determinar esto, y es algo que se puede hacer a través de un simple cuestionario. Existe también una solución matemática complementada con curvas de indiferencia, a lo largo de las cuales le es indistinto a la persona entre una operación y otra: a mayor riesgo se asume más riesgo, pero en una combinatoria diferente a otro inversor más amante o más adverso a este.

La determinación del perfil de riesgo no es una cuestión estática: es más difícil tentar a un joven con una rentabilidad baja o a un anciano con una rentabilidad alta porque sabe que es un activo riesgoso si los mercados arbitran los riesgos.

2) RETORNO ESPERADO

El segundo elemento es el retorno esperado. Este es un aspecto íntimamente vinculado con el primer punto si es que los activos son líquidos y se encuentra arbitrados en el mercado. ¿Se puede vivir con un retorno esperado del 4% anual en dólares? Esa es la rentabilidad que lo dejará dormir tranquilo. Tenga en cuenta que en épocas de tasas de referencia “cero” o despreciables por la política laxa y el accionar de los principales bancos de inversión mundiales para hacer frente a la crisis, los rendimientos de las inversiones en renta fija libre de riesgo se encuentran en un mínimo histórico.

Si quiere que el rendimiento sea mayor, tendrá que asumir más riesgos. Ningún asesor financiero debe dejar de mencionarle los riesgos inherentes a toda inversión, por más segura que parezca, ya que todos quieren ganar más plata, pero nadie quiere enfrentarse a la realidad de una pérdida que no era capaz de asumir antes de hacer la inversión.

3) EL PLAZO DE INVERSIÓN

El tercer elemento es el horizonte de inversión. Cuanto más largo sea, más probabilidades tendrá el inversor de cumplir con el objetivo y podrá, por ende, ser más agresivo en la elección de activos. Se puede buscar resultados basados en una fecha específica o “target”, combinando bonos y acciones en mayor o menor proporción según la distancia en el tiempo del objetivo. La idea básica es que uno pueda hacer corresponder la fecha objetivo con un instrumento con igual maduración.

Una vez definidos los tres parámetros anteriores, el siguiente paso a tener en cuenta es que se debe partir de la mejor combinatoria posible de activos financieros tradicionales, es decir: efectivo, bonos y acciones, entre otros, aunque también pueden incluirse en forma indirecta la inversión en oro y otros commodities como petróleo, así como bienes inmuebles u objetos de arte. No obstante, una inversión de este tipo se supone debe ser realizada por expertos en esos campos, aunque hoy en día se encuentran al alcance de la mano a través de ETFs.

La renta fija es un componente muy importante de toda cartera equilibrada. Por eso mismo, el inversor debe tener en claro a qué activos está expuesto y a las distintas consecuencias que puede tener para el rendimiento ajustado por riesgo de su cartera, ya que existen problemas tales como el peligro de impago del emisor, la depreciación de una moneda y la volatilidad en el precio para emisiones de elevada duración.

Los bonos, lejos de ser activos cuyo precio se mantiene “fijo”, son activos que cambian constantemente de valor unos en relación con otros, en función de las modificaciones producidas en la oferta y demanda, en las perspectivas económicas y en el sentimiento inversor a favor de mayor apetito o mayor aversión al riesgo, según el caso.

Así las cosas, a mayor aversión al riesgo, más grande será la cantidad de renta fija que uno debería incorporar. Pero también se debe hacer mucho foco acerca de en qué moneda invertir, ya que muchas veces los cupones que pueda pagar una divisa exótica se evaporan con su depreciación, por ejemplo.

Es crucial, además, determinar la evolución futura de los tipos de cambio, ya que si el dólar irá dejando a futuro de ser la moneda tan predominante como lo es hoy en el mundo de las inversiones, aumenta la obligación de encontrar cuáles serán las ganadoras a medio plazo. Para ello, es fundamental aplicar los principios de diversificación en divisas. Y hay que diversificarse también por clase de activo, por país y por riesgo. La manera más simple es operando ETFs. De esta forma, se puede planificar en qué regiones o clase de naciones se permitirá colocar el dinero, en qué moneda, con qué calificación como mínimo en caso de renta fija, si son acciones de países centrales o emergentes en el caso de la renta variable, etc. La decisión queda en cada uno.

Fuente: http://www.saladeinversion.es

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